La industria del chocolate en San Carlos de Bariloche constituye un sector estratégico que genera más de 1.500 puestos de trabajo directos e indirectos, según fuentes del sector.
En la actualidad, la producción anual supera las 2000 toneladas de chocolate, algo que da cuenta de la inversión en tecnología para conseguir un volumen que no solo abastece el mercado interno, sino que también sostiene un flujo constante de exportaciones.
Los principales destinos internacionales para estos productos incluyen Chile, Uruguay, Brasil, México, Estados Unidos y España.
La escala de esta industria ha permitido que empresas locales establezcan plantas productivas en el continente europeo, consolidando la presencia de la manufactura regional en mercados globales.
Durante el periodo de Semana Santa, el sector tracciona la movilización del 100% de la mano de obra local vinculada a los rubros de turismo y gastronomía. Esta actividad económica produce un efecto multiplicador que incrementa la demanda en servicios complementarios como las cervecerías artesanales, la gastronomía regional y las agencias de excursiones.
La dinámica industrial y comercial del chocolate permite que la ciudad mantenga niveles de actividad elevados fuera de la temporada invernal. En este contexto, el chocolate funciona como un motor que transforma materia prima en productos de valor agregado con identidad patagónica.
Las proyecciones para el sector indican una ocupación hotelera situada entre 87% y 90% durante el pico de consumo de otoño. Si bien estas cifras contrastan con la tendencia de otros destinos turísticos que enfrentan retracciones en la demanda, la industria chocolatera actúa como una herramienta de promoción urbana que garantiza el flujo de visitantes y el sostenimiento del empleo. En
este sentido, el esquema de trabajo público-privado es el eje que permite la proyección de la “marca ciudad” hacia mercados emisivos internacionales.
El desarrollo de este sector industrial se utiliza para mitigar la estacionalidad de la economía local. La infraestructura productiva de las fábricas de Bariloche permite abastecer tanto la demanda de los puntos de venta locales y de otras ciudades, como los compromisos de exportación.
Este modelo productivo, que se fortaleció tras la crisis volcánica de 2012, es hoy un pilar de la matriz económica de la región y caso de éxito de cómo una ciudad donde la nieve era protagonista ha sabido diversificar su matriz productiva a través del chocolate y los eventos.-






