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Negocio dulce: especialistas en torta rogel, como franquicia

En un mercado gastronómico donde la diferenciación es clave, Los Rogeles de Marcela encontró su lugar con una propuesta simple pero efectiva: un producto artesanal, de receta familiar y foco absoluto en la calidad.

 

Nacida en 2021 como emprendimiento familiar, la marca logró en pocos años construir presencia nacional y ahora abre su modelo de franquicias para inversores que buscan formatos chicos y especializados.

 

El corazón del negocio es el rogel, un clásico de la pastelería argentina que la firma convirtió en producto insignia.

 

La estrategia fue apostar a estandarización, materias primas de calidad y una identidad de marca clara. Sin resignar lo artesanal, desarrollaron un canal comercial propio que ya suma más de 36 puntos de reventa en 20 ciudades, validando la demanda más allá de su plaza de origen.

 

Con esa base, la empresa decidió dar el salto al franchising. El modelo apunta a locales compactos, de apenas 30 m², lo que reduce costos fijos y facilita la instalación en zonas comerciales o de alto tránsito. Se trata de un formato pensado para autoempleo o gestión directa del franquiciado, con un involucramiento activo en la operación diaria.

 

Desde el punto de vista de la inversión, los números buscan resultar accesibles frente a otras franquicias gastronómicas.

 

El costo total de la franquicia es de u$s50.000, donde el fee de ingreso representa u$s15.000 y el stock inicial estimado ronda los u$s7.000.

 

Un dato que puede atraer a inversores es la ausencia de regalías mensuales, un esquema que mejora el flujo de caja del franquiciado en la etapa de consolidación. A cambio, se establece un canon de publicidad del 1% para sostener acciones de marca.

 

El equipo requerido es acotado: entre uno y cinco empleados, según volumen de ventas y horarios de atención. Esto permite estructuras operativas livianas y mayor control de costos laborales, uno de los principales desafíos del sector gastronómico.

 

En términos de retorno, la firma estima un tiempo de recupero de entre 20 y 25 meses, siempre sujeto a variables como ubicación, gestión y dinámica de consumo local. Para inversores, este plazo se ubica dentro de parámetros habituales del rubro, aunque con una inversión inicial menor a la de restaurantes tradicionales.

 

La propuesta apunta a perfiles que valoren marcas de nicho y productos con identidad. No es un negocio de gran escala, ni de ticket promedio alto, sino de volumen, fidelización y compra por impulso. En ese sentido, la fortaleza está en la especialización: un producto claro, reconocible y replicable.

 

El crecimiento de conceptos gastronómicos monoproducto —cafés de especialidad, heladerías premium o pastelerías boutique— muestra que hay mercado para propuestas enfocadas. La clave, coinciden consultores del sector, está en sostener calidad y experiencia para que la marca no pierda su diferencial al expandirse.-

 

 

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