La ciberseguridad dejó de ser un tema exclusivo de grandes corporaciones y pasó a ocupar un lugar central en la agenda de las pequeñas y medianas empresas (pymes). En un contexto de digitalización acelerada, comercio electrónico y adopción de herramientas en la nube, los riesgos crecen al mismo ritmo que las oportunidades. Y los números muestran que no se trata de una amenaza lejana.
Según estimaciones de Mastercard, los ciberdelitos podrían costarle a la economía global unos u$s15,6 billones en 2029. El impacto es sistémico y alcanza a empresas de todos los tamaños.
De hecho, el 90% de las pymes reportó al menos un ataque durante el último año, lo que confirma que el tamaño de la organización ya no funciona como escudo frente al delito informático.
Para las pymes, la pregunta ya no es si serán atacadas, sino cuándo. Muchas operan con estructuras tecnológicas básicas, presupuestos acotados y sin equipos especializados en seguridad.
«Esa combinación las vuelve objetivos atractivos para los cibercriminales, que buscan blancos con defensas más débiles y alta probabilidad de pago ante una extorsión», dice Martín Ambort, Chief Information Security Officer (CISO) de Cloud Legion.
El Global Security Outlook 2025 del Foro Económico Mundial aporta otro dato preocupante: el 69% de las empresas pequeñas y el 54% de las medianas no cuentan con procesos definidos para garantizar la seguridad de nuevas herramientas de inteligencia artificial antes de su implementación.
La adopción tecnológica sin protocolos claros abre nuevas puertas a filtraciones, accesos indebidos y usos maliciosos de la información.
Cuando un incidente ocurre, el daño excede lo técnico. La reputación se ve afectada casi de inmediato. Clientes y socios comerciales dudan, proveedores e inversores exigen mayores garantías y el mercado percibe fragilidad. La confianza, un activo clave para cualquier pyme, puede deteriorarse en cuestión de horas.
Además, la recuperación rara vez es rápida. Un ciberataque puede implicar meses de reconstrucción operativa, revisión de sistemas, renegociación de contratos y trabajo sostenido para recomponer la imagen. En muchos casos, el mayor costo no aparece en los balances contables, sino en las oportunidades perdidas: ventas interrumpidas, operaciones detenidas y proyectos postergados.
Entre las amenazas más frecuentes, el ransomware sigue siendo una de las más destructivas. Este tipo de ataque cifra la información de la empresa y exige un rescate para liberarla, paralizando operaciones críticas.
El phishing, por su parte, utiliza técnicas de ingeniería social para engañar a empleados y obtener accesos privilegiados. Correos que simulan ser de bancos, proveedores o directivos continúan siendo una vía de entrada efectiva.
A esto se suman los ataques a la cadena de suministro, donde los delincuentes comprometen a un proveedor pequeño para llegar a una empresa mayor, y el robo de credenciales, un vector silencioso pero altamente eficaz. Una contraseña expuesta puede habilitar el acceso a múltiples sistemas sensibles.
La inteligencia artificial también juega un doble rol. Mientras ayuda a mejorar defensas, es aprovechada por atacantes para escalar sus operaciones, probar miles de combinaciones de acceso por minuto y replicar comunicaciones internas con gran realismo.
Gartner proyecta que para 2027 el 17% de los ciberataques y filtraciones de datos involucrará IA generativa.
Muchas vulnerabilidades surgen de errores evitables. Configuraciones incorrectas en la nube, exceso de confianza en proveedores y la creciente complejidad de los ecosistemas tecnológicos amplían la superficie de ataque. En este escenario, contar con asesoramiento especializado puede marcar la diferencia, especialmente para pymes con recursos limitados.
Los especialistas coinciden en que la clave es pasar de una postura reactiva a una preventiva. Capacitar al personal, aplicar autenticación multifactor, mantener sistemas actualizados y definir protocolos de respuesta son pasos básicos pero efectivos. La ciberseguridad ya no es un gasto opcional, sino una inversión en continuidad operativa.
En un entorno donde los ataques son cada vez más frecuentes y sofisticados, postergar decisiones implica asumir riesgos crecientes. Para las pymes, actuar a tiempo puede ser la diferencia entre un incidente manejable y una crisis capaz de comprometer su futuro. Cada minuto sin estrategia es, en la práctica, una ventaja para los atacantes.-







